No
es intención en este espacio teorizar académicamente
acerca del concepto de “cultura organizacional”,
sus componentes, tipos de cultura y demás clasificaciones,
de las que hay a disposición del lector gran cantidad
de recomendable literatura.
Me
interesa, en cambio, compartir algunas consideraciones prácticas
acerca de la necesidad de dejar de ver a la cultura organizacional
como un cuerpo teórico, abstracto, gris, rígido,
y con lo que es “mejor no meterse”, como escuché
hace poco en una empresa.
Por
el contrario, se convierte en un indicador de gestión
mensurable, y quizás esencial, en la elaboración
de estrategias y objetivos de negocios, siempre y cuando se
analicen y validen continuamente sus componentes.
Siempre
tuve la sensación de que cultura y “negocio”
corren por carriles contrarios, en esta imaginaria autopista
que conduce al cumplimiento de las metas de cualquier organización,
o que la cultura es “algo que está ahí”,
como quien almacena objetos en el fondo de su casa y “mientras
no molesten, no me acuerdo que existen”.
Muchos
directivos con los que me toca interactuar aún vinculan
el concepto “cultura” con filosofía, antropología
o una gama de conocimientos que si bien muy interesantes,
son “muy teóricos y alejados del negocio”,
tal como suelen expresar.
La
cultura no es ajena a usted, porque usted es la cultura!
Empíricamente,
el concepto “cultura organizacional” abarca la
dinámica a través de la cual una organización
interpreta necesidades, decide estrategias, gestiona procesos
y maximiza rentabilidad.
Esta
dinámica de “interpretar, decidir, gestionar
y maximizar”, la materializan las personas que la integran
a todo nivel de la organización, y pueden leerse, a
la sazón, como la forma en que dichas personas “gozan
y/o padecen” a la organización de la que forman
parte.
La
cultura organizacional se visualiza a través de la
manera de gestionar (cumplimiento de objetivos y su impacto)
y mediante los comportamientos, conocimientos, decisiones
de negocio y compromisos individuales y grupales de quienes
la integran.
Esta
parte visible es, en realidad, el efecto de cómo lo
que algunos llaman factores moldeadores primarios de una cultura
(misión, visión, valores, mitos, principios,
normas) son percibidos, valorados y experimentados por las
personas miembros de la organización
El
punto de quiebre se observa cuando, dado un objetivo, las
organizaciones interpretan, deciden y gestionan, intentando
modificar súbitamente “lo visible”, es
decir: comportamientos engrosando conocimientos como la solución
rápida para el logro de compromiso (p. ej.: “a
partir de ahora creamos la cultura de la innovación:
por ello, desde hoy, todos deben aportar proactividad y creativad,
como medio para lograr nuestros objetivos!!!); linda arenga
para un vestuario, diría un entrenador.
En
realidad, lo que primero resulta imprescindible es consensuar
el vínculo y el impacto que los mencionados factores
moldeadores primarios generarán en el camino hacia
el escenario de negocios pretendido.
Recién
a partir de allí, definir los comportamientos y la
forma de medirlos y evaluarlos, crear instancias de desarrollo
de conocimientos, y compromisos de cara a los objetivos de
negocio que impulsan la necesidad de un cambio.
Estas
instancias suponen la implementación de un proceso
que debe ser facilitado en forma gradual pero sostenida para
alcanzar:
-
Ventajas competitivas: entendiendo por ellas la combinación
eficiente de capacidades y recursos que permiten diferenciar
a la organización de sus competidores.
-
Objetivos de negocio propuestos (más ingresos,
más clientes, reducción de costos, generación
de valor empresario, etc.),
-
y, fundamentalmente, que los clientes nos vuelvan
a elegir.
En
tal sentido, trabajar la “cultura organizacional”
no es un aspecto ajeno a la realidad del negocio, sino que
es la esencia por la cual una organización establece
ventajas competitivas y maximiza su rentabilidad por y a través
de la gente que la integra.
La
cultura de esculpir la cultura
La
experiencia a través de nuestras intervenciones de
consultoría, me enseña que las empresas exitosas
se “meten” con su cultura, considerando sus aspectos
moldeadores, como un indicador de gestión esencial
a la hora de tomar decisiones de negocio.
Esto
es lo que yo llamo “esculpir” la cultura: hacerla
y moldearla día a día, no desde la intención,
sino desde la gestión.
Por
ello debe concebirse como dinámica y flexible a las
necesidades del negocio, lo cual tal vez constituya en sí
mismo un paradigma a superar.
Hoy,
que tanto se habla de “gestión del conocimiento”,
debería entenderse que el primer paso hacia la misma,
consiste en RE-CONOCERSE o sea, mirarse a sí mismo
de cara a un proyecto u objetivo estratégico de alcance
corporativo, revisando los factores esenciales de la cultura
vigente y ponerlos a prueba, contrastándolos con dicha
situación proyectada, y detectar la brecha.
La
interpretación ligera del concepto “Gestión
del Conocimiento” lleva a confusiones. Una empresa no
gana nada por tener un alto nivel de conocimientos, en la
medida en que no los transforme en ventajas competitivas rentables,
de ser posible, más rápido que sus competidores.
La
implementación de ventajas competitivas rentables supone
primeramente desarrollar la gestión del re-conocimiento;
esto es revisar/alinear/contrastar/validar los factores componentes
de la cultura organizacional y su vínculo con los objetivos
de negocio.
La
gestión del re-conocimiento supone:
1.
Considerar que la cultura no es inmodificable, ni un dogma
con el cual mejor no meterse. Por el contrario, gestionarla,
es decir, intervenir sus factores moldeadores, constituye
el primer paso.
2.
Gestionar la cultura (re-conocerse continuamente), previene
o alerta acerca de posibles consecuencias no deseadas de los
cambios a realizar de acuerdo a la situación de negocios
proyectada.
3.
Estamos hablando de un proceso más complejo que adquirir
conocimientos y compromiso a través de un curso, plataforma
de e-learning o un “outdoor”, que a menudo, por
no revisar los factores moldeadores, sugieren prácticas
que en sí no son buenas o malas, pero que van en contra
de la cultura vigente o simplemente resultan inocuas para
la concreción de objetivos en “esa” cultura
específica.
4.
Resulta necesario establecer la relación entre “cultura
organizacional” y “ventajas competitivas”.
Es más, éstas deberán ser la exteriorización
de sus factores moldeadores, o sea, de la cultura propiamente
dicha.
Ventajas
competitivas y cultura organizacional…
o ¿la cultura organizacional como ventaja competitiva?
“Es
el tercer año consecutivo que presento en el Comité
de Gerencia un proyecto de cultura y no logro que me lo aprueben…”.
Así se sinceraba frente a nosotros recientemente una
ejecutiva de Recursos Humanos miembro de una importante empresa
de servicios.
“No
es que no nos interese; de hecho no podemos decir que no es
interesante aquello que no entendemos…”, nos manifestaba,
por su parte, el Director de Ventas Corporativas del mismo
grupo empresario.
El
“proyecto cultura” ¿no interesó,
o no fue transmitido en el idioma de negocios que el interlocutor
necesitaba escuchar?
Asisto
asiduamente a presentaciones apoyadas en coloridos PowerPoint
con cuadros, citas, clasificaciones, diagnósticos y
definiciones de cultura organizacional, que quedan simplemente
en eso.
En
este sentido, los expositores no generan la menor influencia
en la audiencia a la cual se dirigen, desde sus pares de otras
áreas a, menos, mucho menos, a los accionistas de su
compañía que no logran interpretar la necesidad
de invertir un centavo “en esos rollos”.
¿Qué
relación existe entre cultura y negocio en esta empresa?
¿Cuál es el negocio de esta empresa para Gestión
Humana?
¿Cómo y en cuánto contribuirá
tu “Proyecto Cultura” en el 25% de aumento de
rentabilidad esperado?
¿Qué tiene que ver “cultura” con
el vendedor que tiene que ir al campo y mojarse hasta la
cintura para colocar nuestros productos?
¿Amortizamos la inversión del proyecto con
la rentabilidad que generará?
¿Se autofinancia tu proyecto?
Muchas
veces he escuchado preguntas de este tenor, y créame
que pocas veces respuestas convincentes por parte de áreas
de Recursos Humanos, se supone ideólogos y ejecutores
directos de estos proyectos.
Una
posible respuesta pasa por instalar PROCESOS orientados a
gestionar la cultura para convertirla en “ventaja competitiva”.
Esto supone dar un primer paso consistente en saber cómo
es percibida esa cultura, partiendo de los siguientes criterios:
Es
valiosa: se articula de manera tal con el negocio,
que ayuda a la organización a neutralizar amenazas
o explotar oportunidades. Alerta acerca de riesgos o permite,
desde la vigencia de sus factores, crear oportunidades de
negocios que permitan el desarrollo y crecimiento de sus dos
activos más valiosos: capital humano y clientes.
Es
única: es percibida y valorada como referente
de coherencia entre su discurso y su práctica empresarial.
Experimenta los valores que proclama y es ejemplo de integridad
y equidad.
Es
difícil de imitar: percepción de una
cultura sólida, pero flexible, consolidada pero dinámica,
con bajo coste pero de alta calidad, solucionando el corto
plazo, pero apostando al desarrollo a largo plazo, con mentalidad
de pequeño empresario pero con estrategias de multinacional,
exigente con la gente, pero tolerante con el error. Es decir,
una cultura capaz de gestionar la tensión constante
entre opuestos, o lo que yo llamo las culturas “paradójicas”.
Una cultura capaz de administrar el paradigma de la contradicción,
a la sazón el actualmente vigente en el mundo de los
negocios.
Probablemente
algunas preguntas relacionadas con iniciar a transitar la
gestión del re-conocimiento, considerando un proyecto,
puedan ser: “¿resulta hoy nuestra cultura una
ventaja competitiva?”, “¿supera nuestra
cultura los criterios mencionados?”, “¿es
percibida nuestra cultura como valiosa, única y difícil
de imitar?”, “¿qué impacto concreto
tiene en nuestro negocio tal percepción?”, “¿cuáles
de los factores moldeadores de nuestra cultura debemos poner
a prueba para seguir creciendo?”, “¿qué
impacto tendrá el objetivo propuesto en la actual percepción
de cultura vigente en esta organización”?
Y
finalmente, me pregunto: ¿qué nuevos proyectos,
por más desafiantes y rentables que parezcan, se pueden
concretar en una cultura que NO es percibida como valiosa,
única y difícil de imitar?, ¿resultarán
sustentables y generadores de valor empresario?
Un
caso de éxito
“Queremos
convertir nuestra empresa en una usina de ideas… necesito
que instalemos la cultura de la innovación”.
Más o menos éste fue el requerimiento que nos
planteó una importante empresa recientemente.
Sinceramente
no sé que es la cultura. Lo que si sé es que
consta de una serie de factores que, desde cómo son
experimentados, vividos o ignorados, generan un impacto directo
en decisiones que pueden hacer ganar o perder muchos millones.
Por
lo tanto, necesariamente hay que vincular tales factores con
un objetivo de negocios, en este caso, “la cultura de
la innovación”.
En
tal sentido, el proceso aún vigente básicamente
consta de una serie de etapas bien diferenciadas, como a continuación
se muestra:
HAGA
CLIC AQUI PARA VER GRAFICO
Nótese
que la articulación de la asistencia permite transformar
lo que originalmente era un “proyecto” relacionado
con la cultura, a instalar un PROCESO CONTINUO de alineamiento
o “esculpido” cultural perdurable y validado con
las variables de negocio de esta empresa en particular.
Los
resultados nos muestran que a través de este proceso,
durante el primer año, esa entelequia llamada “cultura”,
contribuyó mediante la medición continua de
sus componentes a incrementar considerablemente el ”valor
empresario” de esta empresa (o sea millones); algo que
sonaba muy bien pero nadie sabía qué tenía
que ver con el cuadro de resultados pretendido.
Por
supuesto que cada intervención requiere de la implementación
de técnicas y metodologías específicas
y situacionales que no desarrollaré en este espacio.
En
resumen, afortunadamente muchas empresas ven la necesidad
de empezar a conciliar cultura y negocio. Esto es, empezar
a “calar hondo” pero con practicidad y visión
de negocio.
En
la medida en que muchos directivos de Recursos Humanos aún
reciten teorías muy bonitas, pero alejadas del cuadro
de resultados, no dejarán de ser percibidos como “los-que-arman-las-salas-para-los-cursos”.
Doloroso, pero descarnadamente cierto. |