Una
mirada crítica hacia los mandos medios es el común
denominador para encontrar los problemas de ejecución
de las estrategias elegidas. Entender cuál debe ser
el rol de los supervisores en la línea de producción
es tan importante como comprender que la calidad de los productos
fabricados depende de las mejores estrategias que, una vez
diseñadas, deberán ser aplicadas por ellos.
Los
cocineros
La
profesión del cocinero fue evolucionando a lo largo
de los años, incorporando en su “hacer”
diario los conocimientos de otras disciplinas. Nociones de
seguridad e higiene personal, o buenas prácticas en
el manejo de las herramientas de la cocina, no hacen otra
cosa que confirmarlo.
Cualquier
buen cocinero que se precie de tal, sabe que su plato debe
ser único. Su función consistirá en garantizar
que cada paso dado en su elaboración esté acorde
a lo que él haya definido como proceso de cocción.
Es indudable que su reputación estará asociada
al impacto que su plato logre en el comensal.
De
esta manera, el cocinero con experiencia piensa su cocina
como un proceso en el cual es posible desarrollar algunas
tareas organizadas en etapas secuenciadas, y otras tareas
que podrán ser realizadas en procesos paralelos.
Así,
los ayudantes de cocina colaboran para que el plato llegue
a la mesa del cliente tal cual él lo ordenó.
El plato, finalmente, habrá sido cuidado en lo higiénico
y en lo estético por cada uno de los “operarios
de la cocina”.
La
regla de oro de los cocineros
Cuidar
el plato debe ser la regla de oro para todo buen cocinero.
No debe haber otra persona más autorizada que él,
que pueda afirmar “de ese plato comen todos”.
En primer lugar, el comensal, quien dará su visto de
aprobación o desaprobación.
En
el complejo universo de los negocios, siempre es el cliente
el único que da de comer a todos aquellos que, de una
u otra manera, participan en el proceso productivo. Es éste
quien debe ser cuidado, mimado y protegido, y es la empresa
la que debe anticiparse a sus deseos brindándole lo
que él está buscando. Porque es él quien
paga por los productos que se fabrican.
Para
lograr esto, toda la organización debe funcionar aceitadamente.
Las piezas del rompecabezas deben ensamblarse de manera inteligente
para hacer bienes y servicios rentables.
Cada
individuo dentro de la organización cumple una función
de vital importancia que no siempre es bien entendida. En
ellas, la idea de “silos organizacionales”, y
las consecuencias que éstos ocasionan, suelen ser desconocidos,
a tal punto que su presencia es garantía segura de
fracasos en futuras implementaciones.
Su
existencia rememora a la edad media, en la cual los señores
feudales tejían todo tipo de alianzas para apoderarse
de otras tierras o defenderse de los bárbaros.
En
este contexto, la regla de oro de todo buen cocinero no queda
muy clara, especialmente si se trata de pequeñas y
medianas empresas. No está claro para los operarios
o los mandos medios de la empresa quién es el que da
de comer y quiénes son los que comen del plato.
Las
razones de esta falta de claridad son muchas: falta de comunicación
desde la alta dirección, falta de oportunidades para
los mandos medios, falta de compromiso de la dirección,
o falta de capacitación, entre otros.
Sensación
de abandono
Este
gran conjunto de “faltas” no hace otra cosa que
generar un gran caldo de cultivo para que la sensación
de abandono recaiga sobre cada individuo. En ese mismo instante
se pierde el sentido de la orientación y cada uno busca
la manera de sobrevivir haciendo lo que puede o lo que le
dejen hacer, entrelazando acuerdos tácitos entre varios,
con el sólo propósito de perdurar.
Cuidar
el plato ya no es lo importante porque nadie es capaz de visualizar
esta abstracción de la premisa básica: “sin
cliente no hay organización”. Esta “sensación
de abandono” es grave y viene acompañada por
la falta de compromiso de los mandos medios. ¡Es en
ese mismo instante que el negocio firma su sentencia de muerte!
Karl
Albrecht dice que “las personas hoy en día viven
una crisis del significado.” El autor escribe: “la
crisis actual de la empresa es una crisis del significado.
Las personas no están seguras de sí mismas porque
ya no comprenden el ‘por qué’ que está
detrás del ‘qué’. Ya no tienen la
sensación de que las cosas están bien definidas
y de que el trabajo duro conduce al éxito”.
Si
es así y las personas han dejado de creer, entonces
el engranaje organizacional también ha dejado de funcionar
de manera adecuada. Por lo tanto no queda otra alternativa,
ni nada más importante, para la dirección, que
“dar significado” a cada una de las tareas y/o
proyectos que se deban emprender.
La
crisis en los mandos medios no es otra cosa que la consecuencia
de una serie sucesiva de malas decisiones, de malas prácticas
de trabajo, de buenas políticas aplicadas de maneras
incorrectas, o tan sólo de malas políticas.
Por
lo general suelen darse en aquellas empresas en las cuales
esta sensación de abandono y falta de capacitación
se hacen más presentes.
Los
roles
No
cabe duda que todos cumplen un rol dentro de las empresas.
Cada uno tiene una participación que, aunque resulte
pequeña, es de vital importancia. Sin el personal de
limpieza adecuado, una empresa de alimentos no podría
operar en el mercado competitivo de los consumidores que exigen
calidad.
Cada
individuo funciona como una pieza importante para el complejo
engranaje de la maquinaria productiva, y es en el ámbito
del quehacer diario donde los mandos medios actúan
como guías obligados del buen camino a recorrer.
El
rol del supervisor o encargado debe quedar muy en claro para
la dirección empresaria y para las personas que trabajan
en la línea de producción. Dar significado debe
ser encarado como una cuestión de supervivencia por
la alta dirección y los accionistas.
Estos
últimos son, al igual que los generales en el campo
de batalla, quienes deciden las mejores estrategias. Pero
aun habiendo elegido la mejor alternativa de acción,
las batallas pueden ser perdidas por una mala ejecución.
Los
mandos medios son los que traducen y ejecutan las líneas
básicas de la estrategia en acciones concretas. Si
éstos no son elegidos de manera adecuada, ya sea por
sus aptitudes, por sus conocimientos y por su experiencia,
se corre el riesgo de perder las batallas.
Al
igual que los buenos cocineros, los mandos medios deben limpiar
el plato, porque en cada comensal/cliente se libra una dura
batalla que debe ser ganada, en la que la necesidad y el deseo
deben ser satisfechos con nuestros productos y no con los
productos de la competencia.
Características
del líder
Entonces
debemos buscar gente especial que nos ayude a construir puentes
entre la estrategia y la acción diaria. Individuos
con las características adecuadas, capaces de comprender
quién es el que da de comer y quiénes comen
del plato. Debemos buscar un líder para cada sector.
Existen
diferentes estereotipos de liderazgo. Cada empresa puede requerir
un tipo diferente. Así encontramos: liderazgo autocrático,
paternalista, democrático, carismático y laissez-faire.
Seguramente hay otras clasificaciones que hacen al líder
y que variarán en función de los diferentes
autores.
Sin
embargo, existen tres características que comparten
todos ellos: poder, carisma y autoridad, que pueden ser consideradas
como atributos. Quien ejerza el liderazgo efectivo debe balancearlos
de manera correcta.
La
autoridad es la facultad, natural o adquirida, por la que
un individuo puede ser reconocido por otros, sin importar
el orden de las jerarquías. Partiendo de esta premisa,
la misma no puede ser otorgada como un bastón de mando.
La autoridad, en todo caso, se gana. Esta es fundamental a
la hora de generar cambios, pero ella sola, sin poder, de
nada sirve. Si la dirección de la empresa no avala
las acciones del supervisor con un respaldo efectivo, todo
proyecto se cae.
El
poder actúa, a diferencia de la autoridad, mediante
la coerción. El poder es la facultad de un individuo
para hacer algo. En función de ese poder un individuo
puede hacer que un suceso ocurra. Mientras que la autoridad
es reconocida por los liderados en el líder, el poder
le es otorgado por la alta dirección. Con el poder
sólo se logran beneficios de corto plazo. Tarde o temprano
las personas se cansarán de quien actúe sólo
con el bastón de mando.
El
carisma es muy particular y es propio del ser humano. Puede
estar dado en mayor o en menor medida. Es una “cualidad
extraordinaria que se atribuye a una persona y que le confiere
una superioridad de carácter ético, heroico,
religioso, etcétera”. El carisma de un líder
hace que las personas se muevan por confianza, estableciéndose,
por lo tanto, una relación de fe.
¿Qué
buscamos en un mando medio?
Pero
qué es lo qué debemos buscar en un mando medio.
En principio, un ejecutor de la estrategia. Alguien con la
capacidad de interpretar el mensaje de la alta dirección
y que pueda transmitirlo a la línea operativa. Buscamos
a un individuo que sea capaz de visualizar el proceso en el
que está inmerso, entendiendo todas las variables que
afectan a la calidad del mismo y proponiendo las mejoras necesarias
acorde a su grado de conocimiento.
Dependiendo
del tamaño de la empresa, un supervisor puede ser considerado
un mando medio, de manera que debe, además, velar por
la seguridad de las personas a su cargo y los equipos productivos,
y debe sancionar o apercibir al personal a su cargo cuando
las circunstancias así lo requieran.
Finalmente,
un mando medio es quien puede generar un cambio importante
en la operación del negocio. Es quien debe verificar
que todo el proceso funciona según lo esperado. En
definitiva, al igual que el cocinero, es la persona que debe
mantener el plato limpio para que el comensal o el cliente
adquiera siempre nuestro producto. |