Detrás
de la simpleza y posible banalidad del título de este
artículo se esconden profundas transformaciones en
la vida empresarial. Lo que intentamos aportar es una mirada
organizacional y de seguridad informática sobre temas
claves de gestión empresarial y apoyo para la toma
de decisiones sobre el uso de servicios de Internet.
Partimos
de una pregunta básica: ¿pueden usar nuestros
colaboradores masiva e irrestrictamente los servicios de Internet?
La
respuesta en primera instancia es: “SI”. Muchas
empresas deben restringir selectiva o completamente el uso
de Internet para preservar su información, administrar
la productividad y el ritmo de trabajo de su gente. Pero lo
cierto es que hoy, por más que las políticas
de Recursos Humanos de la empresa restrinjan la accesibilidad,
los Iphones, y otras tecnologías permiten saltar ese
obstáculo. Más aún, la vocación
de conectividad de la llamada “Generación Y”
podría generar que, en algunos negocios en los que
se restringe por un canal el 100 % del acceso a Internet,
por otro las personas estén conectadas en vivo con
sus redes, o sea, indefectiblemente abriendo la información
organizacional.
Sin
embargo, todavía hoy, a los Directorios, las gerencias
de Recursos Humanos y la seguridad informática en su
conjunto, les interesa formular la pregunta de la accesibilidad,
y como no tenemos la verdad revelada y el mercado se mueve
a pasos agigantados, debemos al menos generar un cuadro de
ventajas y desventajas:
Comencemos
por las ventajas que impulsan un cambio en las políticas
organizacionales hoy:
–
Información y formación: los “prosumidores”
(aquellas personas que producen y consumen los productos)
viven conectados, trabajan conectados, obtienen la información
y la formación en la red, lo que los hace ávidos
de encontrar y aportar las mejores soluciones en la web.
-
Mejores soluciones y reducción de costos: las soluciones
disponibles y gratuitas en la red reemplazan y mejoran canales
de altos costos y obsoletos. Por ejemplo, la telefonía
convencional en las llamadas de larga distancia para equipos
virtuales de “genes Y” es un sinsentido en algunos
casos.
–
Comercialización web: la potencialidad comercial de
la web ya no puede conceptualizarse como una pregunta futurista
y filosófica, en la medida en que el “Gen Y”
escala, llega a la supervisión o jefatura de compras
y de todas las áreas, y las interacciones en vivo se
vuelven claves para cualquier negocio.
–
Trabajo virtual: la posibilidad de no trasladarse, trabajar
en casa, mejorar la calidad de vida, etcétera, está
basada en muchos casos en la utilización efectiva de
las tecnologías de la colaboratividad.
–
Ser uno mismo: basados en la pregunta “¿qué
hubiese sucedido si a la “Generación X”
le hubiesen prohibido usar el teléfono?”, casi
el sentido común marca que los jóvenes de entre
18 y 27 (“Gen Y” aproximadamente), estarían
altamente desmotivados y desalineados con la empresa si no
se les permiten estar conectados.
–
Y otras ventajas que ustedes mismos podrían deducir.
Ahora,
vamos a la parte de las desventajas, y este trabajo lo vamos
a encarar desde el foco de la seguridad informática.
¿Por qué? Porque es una sana preocupación
del management estar alertas a este punto, saber lo que se
juegan en la decisión, anticipar y al menos sopesar
nefastas consecuencias, si las hubiera. Porque también,
conectarse a Internet y comunicarse con redes externas es,
de alguna manera, abrir la puerta a los recursos de información
de una empresa, si no se hace de manera correcta y ordenada.
Es
importante destacar que la seguridad informática bien
aplicada tiene que ayudar al negocio, y si las necesidades
del negocio requieren estar conectados, exigen el trabajo
remoto, y el uso de tecnologías de mensajería,
es entonces una obligación de esta disciplina colaborar
en que así sea, teniendo en cuenta los mecanismos de
protección necesarios que aseguren la información
de la empresa, pero a su vez permitan trabajar eficientemente
bajo la cultura requerida.
Si
el mundo, las nuevas generaciones, y el entorno van a la web
2.0 y a estar online, no se puede ir en contra de ésto,
y desde el área de Seguridad Informática hay
que proponer soluciones, capacitar y concientizar.
Por
un lado existen las soluciones tecnológicas que permiten
asegurar razonablemente que conectarse a Internet sea seguro,
y existan protecciones para evitar que personas no autorizadas
entren a las redes privadas.
Pero
por más robusta y segura que sea la tecnología,
si no es bien usada deja de tener la efectividad para la cual
fue pensada. Es por eso que un proceso de apertura a la web
2.0 y a estar online en Internet, además de aplicar
controles tecnológicos, requiere de políticas
y normas que aseguren su buen uso, y principalmente programas
de capacitación y concientización de usuarios
“desprevenidos”. Colaboratividad y confianza van
de la mano, pero no confianza ciega, sino confianza en términos
de gestión empresaria y liderazgo, o sea, gestionada
en un proceso en el tiempo y “a conciencia”.
Son
conocidos los casos en los que es posible obtener contraseñas
de usuarios e información sensible de la compañía
utilizando técnicas de ingeniería social (información
obtenida mediante llamadas telefónicas o mensaje de
correo, ganando confianza de las personas a través
de datos que son obtenidos por redes sociales como Facebook,
por ejemplo).
En
general, estos programas de concientización de los
que hablamos como estrategia de mitigación, tienen
por objetivo mostrar en lenguaje simple cuáles son
los riesgos y de qué manera se puede trabajar para
reducirlos. Muchas de las recomendaciones pasan por aplicar
el sentido común y no requieren de grandes conocimientos
técnicos.
¿Y
ahora qué hacemos?
Como
siempre, la respuesta es simple y compleja a la vez: gerenciar,
tomar decisiones, analizar, sopesar, discutir, y luego actuar.
Lo que sí no podemos hacer es “nada”, porque
“nada” es una acción, y todos sabemos que
en muchas de las empresas con las que interactuamos la quietud
es sólo un símbolo de sana adaptación,
de espera, de acumulación de “know how”
previo a los procesos transformacionales que se avecinan,
que en algún punto pueden conmover de manera interesante
la forma de organizar el trabajo en nuestras empresas.
Y
ahora sí, para finalizar formulamos la segunda pregunta:
¿Qué
hacemos con la corbata?
Para
no polemizar, no hablar de los calurosos veranos, del “viernes
casual”, de la Generación Y, etcétera,
dejaremos que el pasar del tiempo y el devenir de la moda
la respondan. A veces uno cree que hay cosas que ya no merecen
la pena ser analizadas, después de todo, es cuestión
de gustos, y si le gusta al cliente y nos gusta a nosotros,
entonces usaremos corbata, y si no, no.
De
los dos interrogantes planteados, quedó clara nuestra
visión, o al menos quisimos reflejar sin lugar a dudas
que de los dilemas que plantea la Organización 2.0
y la Generación Y, hay una parte estética o
ligada a la “moda”, que al menos al día
de hoy no plantea grandes connotaciones en el negocio y el
devenir de la empresa (ha sido metaforizada en la corbata).
Habría otra parte que no sólo no es simple “estética”
o dilemas que impliquen si “los chicos se divierten
o no mientras trabajan”, sino que claramente forma parte
de una serie de problemas de negocio muy actuales y claves
para ser seriamente discutidos. La conectividad a Internet
fue el ejemplo elegido para analizar esta serie de dilemas.
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