El
papel de la comunicación hoy día
Basta
caminar por cualquier sector de una empresa para observar
a hombres y mujeres que conversan: dicen y desdicen, discuten
y dialogan, se comunican e incomunican, en la telaraña
de los discursos. Hagamos lo que hagamos, los seres humanos
vivimos en conversaciones los unos con los otros.
Fuimos
educados para crear resultados individuales cada uno en lo
suyo, y hoy nos damos cuenta que el desafío de este
tiempo está en generar resultados colectivos. Esto
último es más que la suma de los talentos individuales.
No
queda duda que para el logro de conjunto la importancia de
las competencias inter-personales resultará clave.
La
coordinación efectiva de acciones es una actividad
estrictamente de competencia conversacional. Todo ocurre hablando
y escuchando los unos a los otros.
Sin
ir más lejos, piense:
-
¿Qué conversaciones tiene y con quién?
-
¿Qué conversaciones no tiene y con quién?
- Qué
conversaciones quisiera tener y con quién?
¿Nota
la estrecha relación entre calidad de comunicación
y calidad de gestión?
Sigamos
explorando juntos:
-
¿Qué pide?, ¿cómo?, ¿a
quién?
- ¿Qué
cosas no pide?, ¿a quién?
- ¿Qué
propone?, ¿cómo?, ¿a quién?
-
¿Qué cosas se le ocurren y no propone?, ¿en
qué ámbitos?, ¿a qué personas
específicamente?
Cualquier
trabajo en equipo se asienta en conversaciones que las personas
sostienen.
Desde
nuestra mirada comprendemos a las empresas como una red de
compromisos. Los compromisos se generan a partir de que una
o más personas piden o proponen algo, y otra u otras
aceptan y por tanto prometen.
Toda
la coordinación de acciones de una empresa bien puede
desagregarse en estos tres actos lingüísticos
básicos: los pedidos, las propuestas y las promesas.
Nos centraremos en esta sección en los pedidos y las
propuestas para luego mirar el mundo de las promesas y con
ello completar la mirada de la empresa como red de compromisos.
Pedidos
y propuestas
Nos
gustaría comenzar esta sección preguntando:
¿Para qué hacemos pedidos?
Las
personas hacemos pedidos pues juzgamos que algo que nos interesa
a nosotros no va a cambiar en el curso normal de los eventos
a menos que lo solicitemos. Por ejemplo, si para alguien es
importante que su socio llegue a la oficina el viernes media
hora antes de lo pactado para tomar una decisión, tendrá
que pedírselo, pues ese socio, por más buena
voluntad que tenga, probablemente no adivine este cambio.
Muchos de nosotros nos enojamos con el mundo porque no adivina
lo que nunca nos atrevimos a pedir.
¿Para
qué hacemos propuestas?
Las
personas hacemos propuestas porque creemos que algo que es
una buena posibilidad para otros y/o para nosotros y los otros,
no surgirá a menos que lo propongamos. Por ejemplo,
si alguien está teniendo dificultades con la coordinación
de un área que nosotros tuvimos a cargo, bien podríamos
proponerle asesorarlo al respecto. Notemos que este asesoramiento
no surgiría disponible si nosotros no se lo propusiéramos
y/o la otra persona nos lo pidiera.
Este
último ejemplo nos sirve entonces para distinguir que
cuando hacemos pedidos, los beneficiados seremos nosotros.
En cambio cuando hacemos propuestas los beneficiados son los
otros y/o los otros y nosotros.
Para
pedir y proponer efectivamente será importante conocer
los elementos que no pueden faltar en su estructura lingüística.
Si alguno de estos elementos faltara, es probable que tengamos
dificultades en la comunicación.
Pedidos
Comenzaremos
con los elementos de los pedidos que no pueden faltar:
Un
hablante: alguien pide y por tanto se hace responsable
de lo que pide.
Una
escucha: alguien recibe el pedido y por tanto se hace
responsable de contestar SI, NO, contestar más tarde
o contraofertar.
Inquietudes:
¿qué es lo que les importa a los que van a coordinar?
Algo
falta: ¿qué es lo que le falta al que hace
el pedido?
Condiciones
de satisfacción: las especificaciones que posibiliten
al que escuche comprender lo que le falta al que pide.
Tiempo:
¿para cuándo quiere que el pedido sea satisfecho?
Contexto
compartido de obviedad: ¿cuáles son las
cuestiones que no hay que aclarar en función del conocimiento
previo en que se da el pedido?
Presuposición
de competencia: el que pide supone que el que escucha
será competente para satisfacer su inquietud.
Sinceridad:
el que escucha confía que el que pide quiere eso que
pide y no otra cosa.
Acción
futura: lo que el que pide necesita que haga específicamente
el que escucha.
Corporalidad:
hay posturas físicas, gestualidades y/o patrones de
respiración tanto del que pide como del que escucha
que facilitan o inhiben la relación.
Emocionalidad:
la disposición de las partes, al igual que los tonos
de voz, afectan decisivamente lo que es posible. No escuchamos
igual ni pedimos igual desde emocionalidades distintas.
Modo:
a veces las formas sociales en que contextualizamos los pedidos,
los hacen más o menos efectivos. Ejemplo: “Te
ordeno que...” no suena igual que “te solicito
por favor...”, etc.
Si
falta alguno de estos ítems probablemente tengamos
dificultades para coordinar con otros. Lo importante de conocer
estos elementos es que hacemos depender de nosotros en gran
medida la efectividad de la coordinación de acciones.
Propuestas
¿Cuáles son los elementos de las propuestas?
Son exactamente los mismos, aunque con algunos matices, que
comentaremos posteriormente.
Hablante:
alguien propone y por tanto se hace responsable de lo que
propone.
Una
escuha: alguien recibe la propuesta y por tanto se hace
responsable de contestar SI, NO, contestar más tarde
o contraofertar.
Inquietudes:
¿qué es lo que importa a los que van a coordinar?
Algo
falta: ¿qué es lo que le falta al que recibe
la propuesta y/o a ambos (hablante y escuchante)?
Condiciones
de satisfacción: las especificaciones que posibiliten
al que escuche comprender lo que propone el hablante.
Tiempo:
¿para cuándo quiere que la propuesta ocurra?
Contexto
compartido de obviedad: ¿cuáles son las
cuestiones que no hay que aclarar en función del conocimiento
previo en que se da la propuesta?
Presuposición
de competencia: el que propone supone que él/ella
es competente para satisfacer la inquietud del que escucha
o de ambos.
Sinceridad:
el que escucha confía que el que propone quiere ofrecer
eso y no otra cosa.
Acción
futura: lo que el hablante necesita hacer o que hagan
ambos.
Corporalidad:
hay posturas físicas, gestualidades y/o patrones de
respiración tanto del que propone como del que escucha
que facilitan o inhiben la relación
Emocionalidad:
la disposición de las partes, al igual que los tonos
de voz, afectan decisivamente lo que es posible. No escuchamos
igual ni proponemos igual desde emocionalidades distintas.
Modo:
a veces las formas sociales en que contextualizamos las propuestas,
las hacen más o menos efectivas. Por ejemplo: “Te
invito a...” suena distinto a “te sugiero...”,
etc.
Notemos
que los elementos son los mismos para las propuestas que para
los pedidos, con algunos matices que describiremos a continuación:
Podemos
observar un cambio en el Algo falta, ya que en las propuestas
“al que le falta es al escuchante y/o a los dos”,
mientras que en el pedido “al que le falta es al hablante”.
La
presuposición de competencia: en las propuestas, la
presuposición es respecto del que habla, mientras que
en los pedidos lo es respecto del que escucha.
Compromisos
Los
compromisos surgen, como lo hemos dicho anteriormente, de
las promesas que pueden llegar a lograr de sus escuchantes
los que hacen pedidos y/o propuestas.
Frente
a un pedido o propuesta hay cinco respuestas posibles:
-
SI
- NO
- Contestar
más tarde
- Contraofertar
- Pedir
aclaraciones
La
única respuesta que da lugar a promesa es el SI.
Pagamos
altísimos costos en las organizaciones cuando no damos
lugar a las otras respuestas, y por tanto escuchamos muchas
veces SI que no lo son tanto.
•
¿Cuántas veces hubiera preferido que le hayan
dicho que NO en lugar de recibir un SI y luego acarrear con
el incumplimiento?
•
¿Cuántas veces hubiera preferido contestar una
horas/días más tarde en lugar de decir SI cuando
no estaba seguro de poder cumplir?
•
¿Cuántas veces hubiera preferido contraofertar/negociar
con un proveedor/cliente/ empleado/jefe/etc., en lugar de
haber dicho SI y/o haber recibido un SI como respuesta que
de antemano el hablante sabía que no iba a poder sostener?
Es
por ello que juzgamos importante habilitar el espacio para
la elección, por cuanto lo que se juega es ni más
ni menos que la responsabilidad, o sea, el poder responder
y hacerse cargo de las elecciones que las personas realizamos.
En
la medida en que se va tornando cotidiano este nuevo modelo
de comprender las empresas como redes de compromisos, la cultura
de la obediencia va dando paso a nuevos y más ágiles
modos de gestión basados en la autonomía, la
responsabilidad y el compromiso.
Las
promesas tienen los mismos elementos que los pedidos y las
propuestas con algunos matices que señalaremos posteriormente.
Por tanto los ítems que no pueden faltar en una promesa
completa son:
Hablante:
alguien promete y por lo tanto se hace responsable de
lo que promete.
Una
escucha: alguien recibe la promesa y por lo tanto se
hace co-responsable del compromiso que acaba de surgir al
prometer.
Algo
falta: ¿qué es lo que necesita el que pide
o el que propone?
Inquietudes:
¿qué les importa a los que van a coordinar?
Condiciones
de satisfacción: las especificaciones que posibiliten
al que escuche comprender lo que le promete el hablante.
Tiempo:
¿para cuándo quiere que la promesa ocurra?
Contexto
compartido de obviedad: ¿cuáles son las
cuestiones que no hay que aclarar en función del conocimiento
previo en que se da la promesa?
Presuposición
de competencia: el que promete supone que él/ella
es competente para satisfacer la necesidad del que escucha
o de ambos.
Sinceridad:
el que escucha confía que el que promete cumplirá
su promesa y que lo que piensa no niega lo que dice.
Acción
futura: lo que el hablante necesita hacer.
Corporalidad:
hay posturas físicas, gestualidades y/o patrones de
respiración, tanto del que promete como del que escucha,
que facilitan o inhiben la relación.
Emocionalidad:
la disposición de las partes, al igual que los tonos
de voz, afectan decisivamente lo que es posible. No escuchamos
una promesa igual ni prometemos igual desde emocionalidades
distintas.
Modo:
a veces las formas sociales en que contextualizamos las promesas
las hacen más o menos efectivas.
Las
diferencias de las promesas respecto de los pedidos y las
propuestas, si bien comparten los mismos elementos, son:
Respecto
de los pedidos:
En
las promesas algo le falta al que escucha, mientras que en
los pedidos le falta al hablante.
En
las promesas, la presuposición de competencia es sobre
el que promete (el hablante), mientras que en los pedidos
lo es respecto del que escucha.
Respecto
de las propuestas:
En
las promesas algo le falta al que escucha, mientras que en
las propuestas le falta al que escucha o a los dos.
En
las promesas la presuposición de competencia es sobre
el que promete (el hablante), mientras que en las propuestas
lo es respecto del que escucha o de los dos.
Por
último queremos señalar que las promesas, a
diferencia de los pedidos y las propuestas, tienen dos fases.
Cuando pedimos y/o proponemos, la acción de pedir y/o
proponer queda cumplimentada en ese instante. Cuando prometemos
decimos que hay dos momentos: hacer la promesa y cumplirla.
El compromiso queda establecido al hacer la promesa.
Los
elementos enunciados nos posibilitarán estar más
cerca de lograr el cumplimiento de las promesas y, con ello,
del establecimiento de compromisos que es el sostén
de cualquier emprendimiento, ya que lo que está en
juego es ni más ni menos que la confianza.
La
confiabilidad de una persona, un equipo, una empresa, un país,
una comunidad, está dada por su competencia para cumplir
con las promesas que realiza.
Proponemos
detenernos a observar estas cuestiones para intervenir “con
poder” (poder como verbo) en la gestión cotidiana
con el fin de crear efectividad de conjunto. |