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Introducción
No
es necesario pensar mucho para darse cuenta de la rapidez
con que el cambio ocurre. Sólo hay que recordar cómo
eran las cosas cuando éramos niños y compararlas
con las de hoy. Desgraciadamente muchas personas no puede
cambiar junto con los tiempos. Dado que las organizaciones
están compuestas de muchos individuos, el efecto multiplicador
de la resistencia individual hace que la habilidad de una
organización para cambiar sea más lenta y más
difícil de lograr que la de un individuo. No obstante,
lo más importante es que la organización tenga
dicha habilidad para cambiar, ya que si no lo hace, no sobrevivirá.
El
cambio en una organización puede “venir desde
arriba”, y de hecho es una de las razones por las que
la gente se resiste, ya que no se siguen los pasos correctos
para su implementación. Pero los cambios pueden fluir
desde abajo hacia arriba, o sea, que la percepción
del cambio nace en una de las áreas de la organización
que no es precisamente el ápice estratégico,
y en este caso, es allí precisamente donde la resistencia
puede encontrarse. Aunque si nos enfrentamos a este caso tendremos
entonces que analizar al administrador, por no estar cumpliendo
una de sus funciones, que es la de fungir como facilitador
de los cambios organizacionales.
Una
persona que decide cambiar, generalmente tiene una actitud
positiva hacia ese cambio, ya que sabe lo que este involucra
y en qué punto va a ser diferente a su antiguo puesto.
Pero cuando a un trabajador se le dice que tiene que cambiar
de puesto, la reacción, con frecuencia, es negativa.
En este caso el trabajador no está seguro de cómo
el cambio afectará su rutina diaria o su trabajo en
el futuro. El administrador profesional comprende que muchos
trabajadores se sienten amenazados por el cambio. También
sabe que si no elimina esta amenaza, los cambios propuestos
pueden no darse y la organización se verá afectada.
La
administración de la resistencia al cambio incluye
la eliminación del miedo a lo desconocido, que es lo
que principalmente ocasiona la resistencia. El administrador
profesional tendrá que prepararse para producir el
cambio de manera que provoque el menor número de problemas
y temores como sea posible. Antes de comunicar un cambio propuesto,
analice cuidadosamente en qué afectará a sus
trabajadores, tanto en el presente como en el futuro.
Póngase
en el lugar del trabajador y trate de prever las preguntas
que le harán. En esta forma estará preparado
con la mayoría de las respuestas. Los trabajadores
necesitarán la confirmación de que los cambios
propuestos los afectarán positivamente. La forma más
efectiva para superar la resistencia al cambio es, por supuesto,
involucrar a la gente en el proceso de analizar dónde
y por qué se necesita el cambio. Cuando se la involucra
en este proceso, la gente comprende la necesidad del cambio
y cómo la afectará.
Ahora
que las empresas cubanas están en fase de perfeccionamiento
de su gestión, son múltiples los cambios que
se comentan y prevén y este artículo pretende
aportar, si no todas, algunas recomendaciones para que estos
cambios se logren de la manera correcta.
Acciones
clave a tener en cuenta
Antes
de comentar las acciones, sería conveniente tener en
cuenta que el administrador debe estar convencido de por qué
hace falta el cambio: si no está seguro de que cruzar
la acera es bueno, le costará trabajo cruzarla y decirle
a otros que lo acompañen. Una vez convencido de los
beneficios del cambio, entonces debe elegir qué hacer,
porque sólo por las buenas intenciones no cambian las
organizaciones. Luego de estar convencido del por qué
y sabiendo qué hacer, entonces comunique a los demás
los beneficios del cambio para la organización, que
es, en definitiva, para todos.
He
aquí las acciones clave que el administrador debe seguir
para administrar la resistencia al cambio.
1)
Enseñe los huevos de oro
El
cambio deberá ser promovido por razones lógicas.
Si usted puede explicar estas razones a sus trabajadores,
ellos entenderán por qué se está efectuando
el cambio. Las personas tienden instintivamente a resistir
el cambio como respuesta a temores conscientes e inconscientes,
pero si usted les enseña el por qué y los beneficios
del cambio, la situación puede cambiar. Generalmente
tal entendimiento conduce a un cambio en la percepción
del cambio propuesto.
2)
Para subir la montaña, sólo el peso necesario
Simplifique
el cambio, hágales saber a sus trabajadores que el
mundo no se virará al revés. Maquiavelo decía:
“Divide y vencerás”. Lo que puede parecer
mucho se verá mejor si usted lo divide para que los
trabajadores puedan asimilarlo. Al ser específico con
respecto a los cambios, usted alcanza dos objetivos. En primer
término, usted esquematiza qué es lo que abarcará
el cambio completo. Esto permitirá a los trabajadores
conocer qué áreas de trabajo serán afectadas
y cuáles no. En segundo lugar, las noticias específicas
y concretas llenan los vacíos de información.
Sin éstas, dichos vacíos se llenarán
de rumores. Estos son enemigos del cambio porque crean inseguridad.
3)
Absorba emociones
Aquí
es donde el administrador profesional puede realmente exhibir
sus habilidades gerenciales. No les tema a los comentarios
negativos. Los tendrá. Sin embargo, al crear una atmósfera
de apertura y franqueza pidiendo la reacción de sus
trabajadores, el efecto de los comentarios minimizará.
De hecho, si la reacción inicial de sus trabajadores
es positiva, pregúnteles abiertamente si no perciben
un lado negativo a los cambios que van a efectuarse. A la
inversa, si la reacción es negativa, permita a los
trabajadores decir lo que les inquieta y luego pregúnteles
si no hay aspectos positivos en el cambio. Recuerde que el
objetivo de esta junta es lograr que los trabajadores acepten,
o por lo menos apoyen, el cambio, no imponérselos obligatoriamente.
Escuche cuidadosamente lo que digan. Capte señales,
sea un agujero negro a donde vayan a parar todas las reacciones
de los trabajadores.
En
algunas ocasiones los trabajadores han convencido a la gerencia
de que los cambios propuestos harían más daño
que beneficios, y han ayudado a sus compañías
a evitar costosos errores en tiempo y dinero.
4)
Aplaque el humo
Cuando
se prepara el cambio, es normal que existan malos entendidos,
por tanto es importante aclararlos y llenar los vacíos
de información, antes de que las ideas equivocadas
se diseminen y aparezcan temores innecesarios.
5)
Pídale el huevo a la gallina
Puede
encontrar que ciertos trabajadores simplemente no estarán
de acuerdo con la necesidad de los cambios propuestos. Si
esto ocurre, su tarea no es alegar o ponerse a la defensiva,
sino aceptar el hecho de que puede existir una honesta diferencia
de opinión. Reconozca que existe la diferencia y luego,
abiertamente, pida el apoyo al trabajador. La administración
tiene que buscar un compromiso para efectuar el cambio, pero
si dicho compromiso se dificulta 100 por ciento, aun cuando
esté claro que no todo el mundo está de acuerdo,
trate de involucrarlos en el proceso.
Un
deseo final
Esperamos
que estas recomendaciones puedan servir a los administradores
para lograr cambios exitosos en sus organizaciones y conducirlas
en pos de los mejores resultados de la meta.
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