Si
aún no leyó la Primera Parte, hágalo
ahora
Si
no leyó la Segunda Parte, hágalo
ahora
El
cambio no es un momento; es un largo proceso que implica facilitar
una etapa tremendamente compleja como lo es la transición,
período durante el cual tiene lugar una vasta gama
de expresiones, comportamientos y manifestaciones que si son
soslayados pueden generar el más rotundo fracaso y
la dilatación innecesaria de objetivos corporativos
prioritarios para la estrategia del negocio.
Según
encuestas que les he presentado (ver
Primera Parte), las organizaciones no prestan la debida
atención a los llamados “aspectos humanos”
que toda situación de cambio supone, haciendo foco
exclusivamente en cuestiones “técnicas”,
que naturalmente son condición necesaria, pero no suficiente,
para que el cambio sea internalizado exitosamente.
En
medio de la “tempestad” del cambio (ya que normalmente
las organizaciones no actúan anticipadamente), éstas
deben pensar sistémicamente y promover acciones concretas
que permitan consolidar la integración imprescindible
entre estrategias, procesos y personas: ésa es precisamente
la misión profesional del Facilitador de procesos de
cambio.
I.
Facilitadores se buscan...
Su
tarea fundamental consistirá en ayudar a las personas
y a los equipos a reconvertirse gradualmente hacia la situación
de cambio deseada, analizando su propio marco de referencia,
desarrollando sus capacidades con arreglo a la nueva situación
y convirtiendo dichas capacidades en acciones exitosas.
De esta manera creará y desarrollará lo que
yo llamo las tres “comunidades” fundacionales
de toda situación de cambio: Comunidades de
Compromiso, Comunidades de Conocimiento y Comunidades de Integración
o Trabajo en Equipo.
El
Facilitador será, entonces, quien acompañe a
las personas a recorrer la transición por un camino
con tres “detenciones obligadas”: Aprendizaje,
Superación y Alineamiento, en el menor tiempo y con
el menor costo tanto emocional como económico posible.
Asimismo,
deberá asumir las siguientes responsabilidades:
- Aconsejar,
a nivel individual, a través del ejercicio de un
efectivo coaching
- Comunicar
en distintas direcciones
- Relevar
necesidades, problemas y éxitos
- Co-ayudar
a la toma de decisiones de la Dirección
- Generar
espacios de participación e integración
- Aportar
inputs para la medición y evaluación de la
marcha del proceso de cambio, y el impacto que éste
genera.
Naturalmente,
también la función deberá incluir ciertos
requisitos tendientes a su efectividad:
- Recibir
apoyo y respaldo de:
- La
Alta Dirección
- El
Área de Recursos Humanos
- Interactuar
constantemente con la Dirección y el resto de los
Facilitadores del cambio seleccionados
- Disponer
de tiempo
- Tener
un impacto en su evaluación personal de desempeño
- Internalizar
y aceptar su rol
II.
Las competencias requeridas
Luego
de varios años de experiencia en haber observado y
trabajado situaciones de cambio organizacional y considerando
las diferencias de alcance y profundidad de dichos procesos
de cambio, el tipo de negocio de la organización, los
objetivos, la cultura, la misión y los valores de cada
empresa, el que sigue bien puede ser el conjunto de competencias
“genéricas” con que todo facilitador de
procesos de esta naturaleza debería contar:
Liderazgo:
Habilidad
para crear y compartir propósitos, visión y
dirección hacia el equipo, generando entendimiento
acerca de las razones del cambio y creando un gradual compromiso.
Pensamiento
y visión estratégica del negocio:
Habilidad
para pensar y planificar, alineando acciones actuales con
futuras estrategias de cambio.
Capacidad
de generar el desarrollo de las personas:
Constante
compromiso y dedicación al aprendizaje de las personas,
a través de prácticas como coaching, mentoring,
y generación de oportunidades de aprendizaje.
Colaboración
y actitud para el trabajo en equipo:
Habilidad
para interactuar con personas y grupos tanto internos como
externos a la organización.
Innovación
para la resolución de problemas inherentes a la situación
de cambio:
Habilidad
para buscar alternativas creativas de solución y de
potenciar la innovación propia y la de las personas
involucradas en la situación de cambio.
Identificación
de posibles “sucesores” en el rol de Facilitador:
Habilidad
para diagnosticar y capacitar personas con perfiles acordes
al rol, como medio para formar “masa crítica”
de cambio.
III.
La creación del rol:
Para
la creación y desarrollo del rol del Facilitador, sugiero
la implementación de una serie de intervenciones muy
concretas, en función de sus objetivos, alcance e impacto,
que podemos resumir en tres etapas:

Etapa
1- Relevamiento de la situación actual:
Principales
objetivos:
- Compilar
información sobre la situación actual de la
organización (grado de predisposición al cambio,
marcha del proceso, dificultades, oportunidades, logros,
etc.).
- Definir/validar
el rol que desempeñará el Area de Recursos
Humanos como “socio” de la gestión de
los Facilitadores.
- Entender
la percepción que las áreas y personas directamente
involucradas poseen de la situación actual, e identificar
principales brechas entre el estado actual y lo que se pretende
de dichas áreas/personas en el futuro inmediato.
Etapa
2 - Validación del rol de los Facilitadores
Principales
objetivos
- Convalidar
la misión, los objetivos, atributos y responsabilidades
del rol de los Facilitadores.
- Unificar
los mensajes para los Facilitadores y los que ellos deberán
transmitir.
- Definir
las competencias requeridas para el desempeño del
rol, y diseñar una herramienta de medición
del desempeño de los Facilitadores, en función
con esas competencias.
Etapa
3 – Desarrollo de los Facilitadores
La
formación de los futuros Facilitadores debiera estar
sustentada sobre tres objetivos, a saber:
- Compartir
un esquema conceptual del proceso de cambio organizacional
e individual.
- Analizar
las etapas de un proceso de cambio y su impacto en el desempeño
y la motivación de las personas.
- Consensuar
y comprender su función como Facilitadores en el
actual contexto de su sector/ empresa.
La
figura del facilitador como decodificador de estrategias y
como guía para su implementación, se torna indispensable
para forjar cambios exitosos y perdurables, basados en el
compromiso, el aprendizaje continuo y el trabajo en equipo:
tres componentes indispensables y a su vez indivisibles, para
transitar de una manera relativamente armónica y medianamente
previsible el ya de por sí dramático período
de transición.
Exige
sin embargo, la existencia de una fuerte y estratégica
asociación “Alta Dirección – Area
de Recursos Humanos”, cuya misión debiera estar
orientada a:
- Transmitir
y experimentar los valores corporativos, a fin de convertirlos
en principios de acción de la organización.
- Fijar
las normas, las conductas, los comportamientos y las
habilidades requeridas para la nueva situación.
Como
les he señalado, la facilitación de procesos
de cambio organizacional va mucho más allá de
la entrega de un manual, de ir a un curso de capacitación,
de incorporar tecnologías o reducir estructuras. Tales
acciones constituyen intervenciones necesarias y en muchos
casos justificadas, pero no son el cambio en sí mismo.
En todo caso, representan la parte visible de un proceso en
el que intervienen personas.
Permítanme
cerrar con una paradoja: “Lo esencial para nosotros
son nuestros recursos humanos...”, frases de este tenor
son con frecuencia escuchadas o leídas en el manifiesto
de valores de muchas organizaciones. ¿Será porque
como “lo esencial es invisible a los ojos” que
muchas organizaciones ven sólo el cambio de manera
parcial? |